Cuando abandonamos la ciudad y nos trasladamos a un espacio natural,
rápidamente percibimos un cambio en nuestra actitud y emocionalidad,
y esto ocurre con independencia del motivo de contacto con
lo natural (trabajo, ocio…), el tiempo de permanencia en ese tipo
de entorno sí parece ser un condicionante para el mantenimiento
de ese estado diferenciado, podríamos decir un estado “más vivido”,
esto es; a más tiempo de permanencia en la naturaleza, más bienestar, más vitalidad.


Parece como si la naturaleza produjera en nuestro biocampo
un contacto nutriente que, a falta del mismo, es más fácil caer
en situaciones generales de estrés y, dependiendo de
nuestras condiciones cotidianas; de trabajo, sociales,
económicas, higiénicas… ese estrés puede incrementarse
hasta el punto de causar enfermedad.


El sentido de espacio natural, no únicamente se emplea
para describir un espacio de Naturaleza, también es
empleado para establecer la base de una conducta y hábito
basados en algo primordial, que no tiene demasiado que
ver con los usos, costumbres, éticas… de nuestras
sociedades modernas, es más bien un estado natural
de hacer y de estar que se siente y percibe sin agresión,
que emana de un conocimiento no transmitido y
del que todos podemos hacer uso,
podríamos denominarlo: “conocimiento auténtico”.


Como quiera que sea, nuestras vidas están organizadas
de una manera muy general, alrededor de espacios urbanizados,
ya sea en grandes ciudades, ciudades medinas o
pequeños pueblos que, todos tienen en común
esa “domesticación” del espacio natural.


El trabajo que realizo, tiene que ver con
la manera de rescatar “ese estado natural”
en nuestros espacios para la salud, para ello
pongo en danza la ciencia milenaria del Feng Shui,
Fotografía natural, proyecto y técnica decorativa y …la naturaleza.


Y a este proceso de incorporación de “lo natural”
a nuestro lugar habitado lo denomino: habitar el espacio.


Concha Benedicto – Armonizando.es




Finalmente, está el principio del hombre, que se relaciona con la simplicidad,
con el hecho de vivir en armonía con el cielo y la tierra. Cuando los seres humanos
combinan la libertad del cielo con el espíritu práctico de la tierra, pueden vivir juntos
en una buena sociedad humana.
Tradicionalmente, se dice que cuando los seres humanos viven en armonía
con los principios del cielo y la tierra, entonces las cuatro estaciones y
los elementos del mundo operarán también en recíproca armonía.
Entonces no existe el miedo, y los seres humanos comienzan a participar,
como merecen, en la vida en este mundo.


Chogyam Trungpa – ‘Shambhala, La senda sagrada del guerrero’, Ed. Kairós


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